(Disculpandome por los horrores gramaticales propios de un aprendiz de escribidor)

miércoles, 17 de febrero de 2010

De Santa Clara a Miraflores

Giro la llave del contacto para generar la descarga eléctrica y movimiento de pistones que precipite el arranque del motor, el encendido es inmediato, un ronco rugido precede un parejo ronroneo que inunda el estacionamiento, un sonido grave, opaco, acogedor se siente bajo el capot, la maquina muestra su esencia, toda la potencia de un V6 además del poder que transmite a su eventual chofer. Por escasos segundos una válvula golpea produciendo su típico tic, tic, tic, tic, pero rápidamente se desplaza a la ubicación correcta y desaparece el traqueteo. Vencido el lapso de calentamiento, un par de minutos, partimos.

A pesar de salir con 25 minutos de anticipación tengo la certeza de llegar tarde; después de manejar por unos días en un país bastante organizado, con visible madurez cívica y un generalizado respeto a la normatividad vial cuesta reintegrarse a nuestra caótica realidad. Soportar el habitual desorden vehicular en toda la ciudad, sobreponerse a las sucesivas deficiencias de infraestructura vial o convivir con el generalizado incumplimiento de normas de parte de todos es de por si complicado pero reasumirlo nuevamente resulta irritante, si a esto agregamos la necesidad de aceptar con hipócrita indiferencia el corrupto perfíl que expone en cada esquina nuestra policía de transito o la exigencia de someternos a sus requerimientos ante el sinfín de "batidas" donde aparecen inapropiadas multas con inmediatas soluciones de tarifa incluida ya es cosa de locos; lo que debemos hacer para sobrevivir en esta jungla urbana del siglo XXI es de antología, ¿que hacer?.



Una mototaxi bajando pasajeros frente a la puerta de nuestro garaje (cuando no) provoca los primeros segundos de atraso; un poco más adelante una señora camina con su bebe en brazos por el medio de la pista provocando el adecuado estímulo para concentrarnos en el manejo y evitar sinsabores a causa de terceros. En el semaforo de ingreso a la Carretera Central un enorme trayler delante de nosotros presagia, anuncia nuevas demoras. Con un reflejo inconsulto, no meditado, uso la pista tradicional desestimando la nueva ruta, viro hacia la carretera Central con intención de entrar a la Priale por el ingreso a Huachipa, craso error. El atoro de ese cruce solo llega hasta Pierola pero igual nos estanca, después de diez minutos sin movernos ya se quebró mi efímera paciencia aunque exteriormente aún no demostré nada.

Llegando al cruce referido un efectivo de la PNP que sufre intentando organizar el tráfico recibe un agrio comentario lleno de irrespeto de parte del suscrito, su respuesta es de similar proporción, mientras avanzo alejándome de él y de la intersección nos regalamos sendos insultos, ambos probablemente tratando de descargar algo de la reprimida amargura que genera nuestra respectiva demora e incapacidad de resolver el caos. Pasajeros que son recogidos en zona prohibida y aletargan el paso; camión que ocupa la vía descargando materiales o vehículos ladrilleros que transitan a paso de tortuga dificultan o detienen la circulación, luego de cinco interminables minutos ingresamos a la Prialé, debimos recorrer esas pocas cuadras resignados con la esperanza de no encontrar situaciones parecidas en la veloz pista que ya iniciamos.

Salvo la recatafila de "boinas rojas" y camionetas policiales estacionadas a la altura de la firma Scania buscando detener cuanto vehículo de transporte público ose pasar frente a ellos no hubo mayor novedad. Sobrepasar lentos camiones circulando por la senda de mayor velocidad, sortear huecos abandonados por quienes dan mantenimiento a la via o esquivar vehículos particulares que se detienen completamente, algunos hasta con intenciones de retroceder para acceder a escondidos desvíos son situaciones comunes que generalmente se deben superar, esta vez también. Terminando la Priale ingresamos a evitamiento, con prontitud y alivio llegamos al peaje, una fluida circulación calma y desacelera los ímpetus de frustración que fuimos almacenando en el trayecto.

Un nuevo atoro encontramos antes de ingresar a Javier Prado, el paradero que en forma tan "inteligente" se construyó allí junto a la irresponsable actitud de muchos choferes de transporte público hacen que el acceso a la avenida sea peligroso, de cualquier manera estamos obligados a entrecruzarnos con unidades que salen del paradero. En el mismo momento, por el mismo lugar y a regular velocidad unos deben entrar mientras otros buscan salir, debemos eludir coches frenando o acelerando bruscamente, además es común la prepotencia de bastantes autobuses que ni se dignan mirar la pista mientras reinician su ruta; increíble.

Algunos segundos de circulación libre, sin tropiezos en Javier Prado, pero solo dura hasta llegar a la vía expresa del Paseo de la República, nuevamente reducir la velocidad y acercarnos paso a paso, mejor dicho carro a carro, se avanza por tramos de cinco metros por vez, claro si una avenida que tiene seis carriles debe reducirse a una para acceder al "zanjón" es natural el embotellamiento. Otros diez minutos para recorrer las cuatro cuadras que faltan para llegar. La vía expresa siempre está saturada y en las horas punta atorada, esta vez la hora y el día nos permitieron recorrerla sin contratiempos, llegamos a Miraflores en poco mas de una hora cuando lo normal debieran ser treinta y cinco minutos.

El año 2000 se vendieron en el país alrededor de 55,000 vehículos; el 2008 pasamos de 130,000, en nueve años crece el parque automotor de manera asombrosa pero no existen nuevas pistas, tampoco un sistema vial adecuado y lo peor es que las autoridades responsables ni siquiera tienen intención de resolver o corregir de manera seria, profesional el caos existente.

4 comentarios:

RBC dijo...

El tránsito y por ende el caos vehicular es el tema sin resolver, lo mismo que la inseguridad ciudadana.
Esperamos un CAMBIO YA!

saludoss

Carlos dijo...

Seguridad ciudadana, infraestructura y normatividad vial, etc etc. mucho por hacer y poco realizado.

Saludos.

RBC dijo...

Av. Angamos ahora esta en plena reestructuración y el caos es mayor aún, dicen que durará 4 meses O-O

Carlos dijo...

Será como el zanjón que cumple la "enémisa" postergación y aún no terminan el trabajo programado