(Disculpandome por los horrores gramaticales propios de un aprendiz de escribidor)

martes, 8 de marzo de 2011

Elias

Permitanme expresar una breve remembranza de este anónimo personaje, leal y correcto amigo de la familia además de antiguo residente en Santa Clara.

A mediados del año noventa y siete se compró y nos mudamos con nuestros hijos a esta propiedad ubicada en los linderos de la ciudad, por razones de salud hicimos el cambio buscando un clima mas seco. La espeluznante vecindad que encontramos al llegar era intimidante, numerosos intrusos se repartían los diferentes espacios que la casa ofrecía, algunos roedores de respetable tamaño que durante el día se escondían en la gran acequia que pasaba por la fachada hicieron algunos forados en los muros de adobe y cada tarde invadian el enorme jardín interior buscando en los nidos pichones o huevos; en el exterior un grupo de indigentes, borrachines y fumones ocupaban los muros y esquinas, de noche eran dueños de la zona y pocos se atrevían a transitar por ahí, salvo la eventual ronda policial nadie osaba siquiera pasar después de las diez de la noche; ni que decir lo que encontramos dentro de la casa, arañas, lagartijas e insectos entre otros bichos nos dieron dura batalla antes de ser expulsados.


La casa estuvo desabitada por mas de ocho años, si bien el area del jardín estaba muy bien cuidado su interior requería de arreglos, la revisión del sistema eléctrico,  mantenimiento del pozo de abastecimiento de agua, una limpieza y pintura general fueron necesarios para poder habitarla. Desde la puerta de ingreso podiamos ver pequeños lotes y chacras  sembradas con productos de pan llevar hacia el Este, mirando al Sur se encontraban instaladas cuatro grandes granjas productoras de huevos que cubrían un frente de por lo menos trescientos metros lineales  mientras en los otros dos puntos cardinales rústicos hogares con familias de escasos recursos que llegaban hasta la carretera y el rio eran nuestros vecinos, si bien contabamos con todos los servicios de la ciudad nuestro hogar aún mantenía el espíritu de casa huerta con el que fué construida. 

Novatos y medio asustados elaboramos una estrategia para tranquilizar el inicial temor y obtener mayor seguridad, buscamos entre los vagabundos que deambulaban por el exterior a su lider y previa conversación como acuerdo lo nombramos como encargado de la seguridad exterior de nuestro hogar, a cambio de pequeños montos de dinero su tarea era la de cuidar, mantenernos informados y alejar o expulsar gente extraña que podía merodear por el barrio. En esos años no existía pista ni postes de luz, en cuanto caia la noche parecía tierra de nadie, 

Elias por su gran tamaño y fortaleza física siempre imponía respeto y su condición de lider la hacía respetar ante su mancha y foraneos. Durante el tiempo que compartimos tuvo momentos de altas y bajas, algunos de ellos con plena lucidez y sobriedad aunque por lo general andaba en terribles e interminables borracheras. 

Conforme pasaban los años afianzamos nuestra amistad, era compleja, confusa y de pocas palabras, fue recíproco el respeto que nos brindamos, el suyo era absoluto hacia toda la familia, cariñoso con mis niños y atento como nadie, personalmente creo que ese sello de dignidad es propio de su estirpe, la de  Elias, Eva y Nicomedes, de Susana y Teofilo. De manera infructuosa muchas veces intentamos revertir su tendencia auto destructiva, nos escuchaba sin verdadera convicción, atendia nuestras sugerencias pero recaia cada vez.

Hace días nos enteramos que falleció, desde que vendimos esa propiedad hace poco mas de tres años dejamos de frecuentarnos, durante los últimos meses solía verlo sentado al borde de la vereda en la esquina de Alto Perú, sumamente delgado y bastante desgarbado, ya ni reconocía nuestra presencia. "Cara de bote" otro congresista miembro de su collera nos refirió que antes de morir solicitó le llevaran a la casa  e sus familiares para terminar su vida al lado de los suyos. Elias, respetable amigo, recordado vecino, descanse en paz.


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2 comentarios:

Rocvall dijo...

envie un cometario pero no se publica

Carlos José Caillaux I. dijo...

Yo leo este tuyo