Alerta 3 es decretada por la OMS; al siguiente día ya estamos en nivel 4; para mantener el ritmo en el nuevo amanecer la entidad internacional encargada de resguardar la salud del planeta agrega que el nuevo índice es 5, nos encontramos a solo un dígito del mayor valor en la escala de gravedad en pandemias. La gripe porcina ahora denominada AH1N1 aparece en tierras mexicanas durante el mes de Marzo y se dispersa a nivel mundial a mediados de abril, nos invade con una rapidez inusitada, propia de la globalización que rige nuestros días; los hijos de Jorge Negrete y Pancho villa se ven obligados a cerrar escuelas, restaurantes y pequeños negocios que expenden comida en las calles, clausuran espectáculos y pierden millones de dólares cada día por la ausencia de turistas, países vecinos (incluso el nuestro) les cierra puertas y vetan los vuelos procedentes de su geografía, un válido temor se apodera de la mayoría de personas en el mundo.Mas allá de las ridículas y consecutivas patinadas de las autoridades locales existen varias preguntas que rondan mi mente, ¿Si la OMS califica de suma gravedad este asunto porque el laboratorio(s) que tienen las patentes del antiviral requerido no lo comparte?; ¿Es que la política neo liberal tiene preferencia sobre la salud mundial?; ¿Porque la tendencia de progresión en los contagios se redujo de manera drástica?; ¿No habrán motivos subalternos para inquietar o asustar la población de todo el mundo?
Un día somos dioses, dueños del planeta, raza dominante o hasta
conquistadores del cosmos sin embargo en menos de siete días la maquinaria periodística en todo el mundo confirma nuestra fragilidad, nos abruma y reduce a la nada, a una poquedad alarmante (unos por determinación o interés propio mientras otros solo repiten por remedo), se llega al extremo de paralizar un país y enclaustrar a sus habitantes en cada hogar, al final de cuentas somos dependientes de una entidad privada que es la única proveedora del remedio que puede salvar nuestras vidas. Esto huele mal, sabe a "chicharrón" y, espero tener razón, no equivocarme.