(Disculpandome por los horrores gramaticales propios de un aprendiz de escribidor)

jueves, 28 de enero de 2010

Palm Coast

Tan rápido como subimos fue el desembarco, de acuerdo al escogido color morado teníamos asignado iniciar la salida desde las 9.30 am, faltando escasos minutos para la hora programada los parlantes anunciaron que podíamos retirarnos, en menos de diez minutos pasamos aduana e inmigración, por la rapidez lograda parece que la naviera tuviera acuerdos con esas dependencias, ya afuera un penetrante viento helado, fuerte y sonoro nos empujó a tomar el primer taxi disponible, a pesar de contar con transporte gratuito de parte de RC preferimos actuar por nuestra cuenta y fue sensato, la cola de pasajeros esperando la movilidad era larga y de seguro quienes en forma ordenada la formaban sentían bastante frio, las frotaciones manuales y marcados gestos faciales que miramos al pasar eran bastante elocuentes.

La firma Avis nos atiende de inmediato, una diminuta cola que crece conforme avanzan los minutos nos hace reflexionar de forma afirmativa por la decisión de salir rápido del puerto. Nuestro vehículo estacionado espera nuestras ansiosas intenciones de juntos conquistar las rutas y ciudades previstas. Con cierta torpeza intentamos conocer las características y detalles de la Van, conforme avanzamos en la pista aprendemos. Debemos tomar la Interestatal 95, era la indicada para llegar directo a nuestro destino, está muy cerca y dentro de nuestros recuerdos, la reconocimos al llegar en el taxi iniciando el crucero como ahora al dirigirnos hacia Avis.

En menos de cinco minutos ya estábamos en ruta y antes de media hora teníamos un mejor conocimiento de la Toyota Sienna asignada para nosotros, una parada en un baño publico con su respectiva compra de snacks y agua para el camino sirvió para darnos la confianza necesaria, hasta hoy fuimos guiados por un plan organizado y previsto, recién ahora empezamos a hacerlo por cuenta nuestra.

Poco mas de una hora para llegar a la salida 289 que nos anunciaba el arribo a Palm Coast, apenas ingresamos llamamos por teléfono a los anfitriones para recibir instrucciones de como llegar a su casa, luego de algunos minutos y sucesivas confusiones con el nombre de calles y el sentido correcto que debíamos tomar en cada una logramos encontrar la casa de los Mallah; Ahmed de origen libanes está casado con Amelia de nacionalidad peruana, tienen tres agraciados hijos de costumbres e idiosincracia "yanqui" (en el buen sentido), todos ellos forman una típica familia estadounidense, el acuerdo era que nuestros chicos duerman en su casa mientras nosotros (mi mujer y yo) nos vayamos a un hotel cercano.

Nos atendieron de maravilla, fuimos tratados como reyes y nos dieron de comer como a romanos, las artes culinarias y don de gente de Ahmed sobrepasaron nuestras mejores espectativas, hubo comida árabe, parrillada americana, exquisiteces mediterraneas y/o exagerados lonches, nos abrumaron en atenciones los dos días que estuvimos con ellos. Fuimos con los chicos y Amelia a conocer San Agustín, asentamiento español de la época de la conquista que está cerca, cuenta con un museo de cera, tours urbanos y un castillo de piedra(fuerte) que servía para protegerse de ataques de piratas, San Agustín está plagado de construcciones muy antiguas y bien conservadas, tiene mucha afluencia turística y es conocida como la más antigua ciudad de USA. Pasamos con la familia Mallah dos días de vida familiar; conversación franca e intercambio o asimilación de nuestras diferentes costumbres, una eficaz formula de unión y mutua fraternidad. Gracias amigos.

2 comentarios:

RBC dijo...

Carlos ese jovencito debe ser tu hijo :)
excelente lo que relatas del viaje y todo lo que conocieron....en familia mucho mejor.

Saludoss

Carlos dijo...

Ese "angelito" es quien ahora me saca canas verdes, la foto fue tomada al momento de llegar a la casa de nuestros amigos (la maleta aparece en la parte inferior izquierda de la foto).

En familia, es un recuerdo que nos acompàñara siempre.